Una recorrida por la literatura argentina del siglo XX a la actualidad
A comienzos del siglo XX la novela, como género, alcanza relieve con autores como Benito Lynch, Manuel Gálvez y Ricardo Güiraldes, este último sutil estilizador de lo gauchesco en Don Segundo Sombra...
En la poesía se destacan los nombres de Evaristo Carriego, Alfonsina Storni, Arturo Capdevila, Baldomero Fernández Moreno, Enrique Banchs, Conrado Nalé Roxlo, José Pedroni y Luis L. Ortiz. Mención aparte merece la labor intelectual de Ricardo Rojas, que se prodiga en distintas disciplinas con igual calidad: Historia de la Literatura Argentina, Eurindia, El profeta de la Pampa y Ollantay.
Ya entrado el siglo XX, pero fundamentalmente hacia 1920, surge en las letras argentinas una nueva generación de notables valores, como Jorge Luis Borges con Fervor de Buenos Aires e Historia universal de la infamia, entre otras obras, Eduardo Mallea con Cuentos para una inglesa desesperada e Historia de una pasión argentina, Ezequiel Martínez Estrada con Radiografía de la Pampa y La cabeza de Goliath.
Aparecen también otros escritores que ahondan, de uno u otro modo, la problemática social: Roberto Arlt, torturado cronista en El juguete rabioso y Los siete locos y, entre los más recientes, Manuel Mujica Láinez, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, Vicente Barbieri, Julio Cortázar, Silvina Bullrich, Marta Lynch y María Elena Walsh.
Entre 1940 y 1960 aparece la llamada generación del 40, que se centra en la poesía, y desarrolla lo descriptivo, lo nostálgico y lo memorioso con Vicente Barbieri, Olga Orozco, León Benarós y Alfonso Sola Gonzáles.
Hacia 1950 surge otro movimiento, el Neohumanismo, que es una respuesta al nuevo estado del pensamiento de posguerra. En un andarivel corren los vanguardistas: Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley y Julio Llinás; en otro, los existencialistas: José Isaacson, Julio Arístides y Miguel Ángel Viola; más allá, quienes concilian ambas tendencias con un soporte regionalista: Alfredo Veirabé, Jaime Dávalos y Alejandro Nicotra. En los narradores encontramos testimonios candentes de la época: Beatriz Guido, David Viñas y Marco Denevi. Se percibe, en la mayoría de estos escritores, una fuerte influencia de la poesía anglosajona e italiana.
A partir de la década del sesenta se impone una nueva censura generacional. Las influencias son heterogéneas: Sartre, Camus, Eluard; algunos españoles como Celaya y connacionales como Borges, Arlt, Cortázar y Marechal. Dos tendencias se advierten: el rastreo del tiempo metafísico y la historicidad (Horacio Salas, Alejandra Pizarnik y Ramón Plaza), y las convulsiones urbanas y sociales (Abelardo Castillo, Marta Lynch y Manuel Puig).
Los años setenta son oscuros para la creación intelectual. El signo de la época es el exilio: Juan Gelman y Antonio Di Benedetto, o la muerte: Roberto Santoro y Harolodo Conti. Algunos poetas como Agustín Tavitián y Antonio Aliberti, narradores como Osvaldo Soriano y Fernando Sorrentino, y ensayistas como Ricardo Herrera y María Rosa Lojo, sobresalen entre las vicisitudes y renuevan el campo de las ideas éticas y estéticas.
La narrativa de las últimas décadas carece de encuadramientos rígidos y registra matices diversos, que van desde un realismo costumbrista tradicional hasta el ficcionismo posmoderno, pasando por la novela histórica o de dominante psicoanalítica, la incorporación de los lenguajes de los medios masivos o el pop art. Vayan como ejemplo los nombres de Marcos Aguinis, Juan José Hernández, Isidoro Blaisten, Daniel Moyano, Héctor Tizón, Abelardo Castillo, Ricardo Piglia, Juan José Saer, Jorge Asís, Héctor Lastra, Rodolfo Rabanal, Amalia Jamilis, Alicia Steinberg, Juan Martini y Liliana Heker, entre muchos otros...
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